Se define duelo como el proceso psicológico que se produce ante una pérdida importante en la vida, y refiere al dolor emocional. Habitualmente cuando se habla de duelo, todo el mundo piensa en la muerte. Y es cierto que unas de las peores pérdidas se producen cuando una persona querida y cercana se muere, pero no son los únicos duelos que existen.

También se trata de duelos cuando rompemos con nuestra pareja, cuando perdemos nuestro hogar por falta de pago o un incendio, cuando se estropea un bien muy especial para nosotros…, al fin y al cabo son pérdidas también.

Pero hay otro tipo de duelo menos conocido, aquel dolor emocional que se siente cuando alguien nos decepciona. Cuando conocemos a una persona y llevamos un tiempo con ella, a nivel mental nos hacemos una imagen de cómo es, lo que nos puede ofrecer, lo que le queremos dar y compartir, lo que esperamos de ella y el rol que le hemos atribuido a raíz de ello: mejor amiga, madre, compañero de trabajo, colega…

Cuando una persona nos decepciona tanto y rompe aquello que nosotros esperábamos de ella, también se produce una pérdida. Quizás esa persona siga viva, y siga estando en nuestras vidas, pero ya no es la persona que esperábamos y mi mente tiene que hacer un duro proceso de adaptación a la parte de ella que he perdido y asimilar el nuevo rol que le tengo que asignar.

Pongamos el ejemplo de una adolescente hija única que perdió a su madre de pequeña y sólo le quedaba su padre, acude a terapia porque no es capaz de asimilar lo que acaba de descubrir, que su padre es un delincuente peligroso metido en el mundo de las drogas. Esta chica no reconoce a su padre y debe asignarle en su cabeza una nueva visión. Adiós a papá tal y como lo conocía, hola nuevo papá capaz de hacer cosas que no me gustan.

Lo mismo ocurre cuando la mejor amiga de una mujer de 35 años deja de llamarla y le pone de excusa que tiene demasiados amigos y ha de priorizar entre ellos. Ella entiende que “eso no lo hacen las mejores amigas, no es mi mejor amiga, acabo de perder a mi mejor amiga”…

Los duelos tienen una duración diferente en función de la importancia que tuviera la pérdida para nosotros y para nuestra rutina del día a día, además de la resiliencia de cada persona y las habilidades emocionales, pero lo cierto es que pocas veces se convierten en algo patológico. Es un proceso largo que dura alrededor de uno o dos años pero es normal aunque no por ello deja de ser doloroso.

Durante el mismo nuestra mente tiene que encargarse de reconocer y explicar qué ocurrió y porqué, para sentir que tiene sentido y no sentir amenaza ante una nueva pérdida. También tiene que aceptar la ausencia o falta de, momento en el que se repasan una y otra y otra vez pensamientos, recuerdos, sentimientos… hasta que llega un momento donde ya no se siente lo mismo por ellos; y finalmente, debe asumir una nueva identidad, una que incluyen los cambios que se han producido en su realidad.

 

Hay algunos signos que pueden indicarte si se está complicando un duelo: cuando no eres capaz de expresarte emocionalmente pasado un tiempo, cuando no puedes desvincularte de lo perdido (casi siempre por culpa), si eres incapaz de retomar tu vida, o si después de unos seis meses, sigues con sensación de ansiedad o tristeza muy fuertes o sientes que te has enganchado a alguna adicción que te hacía más llevadera la pérdida. En ese caso, es mejor pedir ayuda a un profesional.