Dr. Álvaro Mellado Román

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Venimos de los animales

Es la presencia de pelo es un rasgo característico de los mamíferos que juega un papel importante en el aislamiento térmico, la percepción sensorial, y en la barrera frente a daños físicos, químicos y microbiológicos de la piel.

Durante el año se producen cambios adaptativos en la longitud y densidad del pelaje. Con las variaciones estacionales ese produce —la muda— que constituye un mecanismo termorregulador. Los cambios estacionales del pelo suelen tener lugar dos veces al año en la mayoría de los mamíferos que viven en climas templados dando lugar a oleadas de crecimiento y de muda que engendran un pelaje grueso y largo en invierno y otro corto y fino en verano.

El folículo piloso está sujeto a una renovación constante mediante la sucesión cíclica de fases de proliferación, involución y descanso, con regeneración en el ciclo sucesivo del pelo. Estos ciclos —anágeno, catágeno, telógeno— están controlados de forma primordial por el fotoperiodo.

Esta percepción y explicación de los cambios estacionales del pelo en los animales, ¿se puede asimilar al ser humano?

Esto nos afecta a los humanos

El folículo piloso es una unidad biológica muy compleja que muestra la misma estructura básica y función en todos los grupos recientes de mamíferos placentarios, La evolución humana se ha caracterizado por una marcada reducción de la cantidad de pelo corporal y por un aumento de la importancia de la pigmentación en la epidermis desnuda como protección frente a los efectos de la radiación solar.

Aún así los seres humanos responden a las variaciones de la duración del fotoperiodo cambiando la secreción de melatonina, prolactina y otras sustancias, que modifican el efluvio telógeno fisiológico, minimizado por la manipulación artificial de los fotoperiodos a través de la iluminación urbana.

Headintong propuso una clasificación del efluvio telógeno en dos tipos funcionales diferentes: el que es resultado de la sincronización de fenómenos que tienen lugar durante el ciclo del pelo y que da como consecuencia una caída fisiológica del mismo, y el que se produce por un acortamiento de la duración de la fase anágena, sin sincronización, subyacente a una alopecia androgenética.

En su opinión, el retraso de la fase anágena es un recuerdo de la muda de los mamíferos, que produce un ligero efluvio telógeno en el cambio del fotoperiodo, antes de caerse y reciclarse en la fase anágena.

La investigación

Diversos estudios han confirmado dicha hipótesis, identificando en hombres caucásicos sanos de edades comprendidas entre 18-39 años, un único ciclo anual con un 90% de los cabellos en fase anágena en primavera, cayendo esta cifra hasta el 80% en otoño Igualmente se registró un incremento de más del doble de la caída de pelo otoñal en mujeres y hombres.

La investigación que engloba a un mayor número de pacientes y durante más tiempo, es un estudio[8] retrospectivo sobre 823 mujeres sanas que consultaron por pérdida de cabello, a las que se realizaron análisis bioquímicos sanguíneos para excluir otras causas, y tricogramas de seguimiento durante seis años. Se observó la existencia de una periodicidad estacional en el crecimiento y caída del pelo, manifestada por una proporción máxima de pelos telógenos en el verano, que se corres- ponde con la pérdida capilar del otoño.

Estos patrones son semejantes a las mudas de primavera y otoño de muchos mamíferos de climas templados de manera que las poblaciones de dichos estudios manifiestan un comportamiento estacional del ciclo del pelo probablemente controlado por mecanismos semejantes a los que se desarrollan en los animales. La influencia del estrés y otros factores emocionales, contribuyen en el hombre de la sociedad actual, a modular en algunos casos, dichos cambios estacionales.

Conclusón:

Así pues, la pérdida de cabello puede exacerbarse, tanto en hombres como en mujeres, durante el pico de caída otoñal en los países templados, como respuesta a los cambios hormonales inducidos por el fotoperiodo.

Estas variaciones pueden tener importantes implicaciones en la evaluación de nuevas terapias o tratamientos dirigidos a inhibir o eliminar la caída del pelo.

Por todo ello debemos ser más intensivos en el tratamiento y seguimiento durante las fases de efluvio para evitar dar un paso atrás en un tratamiento que lleva a veces muchos meses de duración.

La evaluación de los tratamientos tampoco de debe realizar en estas épocas puesto que la efectividad del tratamiento puede estar alterada debido a los procesos fisiológicos que hemos descrito.